Cuatro palabras que escucharemos en 2018

Bruno Colmant, director de Análisis Macro en Bank Degroof Petercam

Martes 23 de enero de 2018 — Tenemos por delante un nuevo año en el que están empezando a ganar protagonismo algunos temas que influirán en la economía y los mercados financieros. Aunque 2018 todavía puede deparar muchas sorpresas, vemos cuatro palabras que harán mucho ruido durante los próximos doce meses: confianza, robotización, envejecimiento y bitcoin.

La confianza ha vuelto a la zona euro. Después de los shocks de las hipotecas subprime y la crisis de deuda soberana, la confianza es innegable en la zona euro. Esto ha producido una mejora en los indicadores que muestran que tanto los hogares como las empresas son más optimistas. La culminación de esta observación se puede ver en la mejora del crecimiento económico de la zona euro.

La segunda tendencia es la robotización. Las profesiones de diagnóstico y evaluación desaparecerán. Durante varias semanas, han proliferado las advertencias de los creadores de negocios mundiales sobre la inteligencia artificial. Algunos, como Bill Gates, incluso han defendido impuestos a los robots. ¿Qué está ocurriendo? Cada vez más, las voces influyentes del siglo XXI se están dado cuenta de que el choque social que se producirá en nuestras economías es importante. Deberíamos pensar que la digitalización, que esencialmente llevó a una automatización mejorada de las tareas humanas, en última instancia creó tantos trabajos como los que destruyó. Este podría ser el caso. La inteligencia artificial es diferente: son profesiones, principalmente de la clase media, que se verán alteradas porque un sistema cambiará las tareas de experiencia intelectual o, más generalmente, la experiencia. ¿De qué estamos hablando? Profesiones de diagnóstico: cuestiones legales, médicos no especializados, económica aplicada y pura, etc. Pero, en general, cualquier profesión de evaluación. El progreso es maravilloso pero requiere adaptación en términos de entrenamiento y flexibilidad profesional.

En tercer lugar, tenemos el envejecimiento. Una población envejecida consume e invierte menos. El envejecimiento de la población es el contexto común a todos los escenarios económicos que condiciona. Los años después de la guerra se caracterizaron por un repunte demográfico, observado entre 1945 y 1963. Este fenómeno encuentra ahora su transposición en un “grandpa-boom” que durará hasta la mitad del siglo XXI. Una población más vieja consume e invierte menos. Incluso hay un incremento en la propensión a ahorrar, que frena el consumo. Este fenómeno es instintivamente entendible: después de una cierta edad, es difícil acumular ahorros preventivos. Además, las turbulencias tecnológicas están destruyendo la retención de empleo de los más mayores. La aritmética básica demuestra insostenibilidad de las pensiones y la falta de previsión política ha llevado a que no haya reservas. La falta de confianza en el Estado es deflacionaria en su naturaleza. Esto supone un comportamiento prudente que lleva al mantenimiento de los ahorros preventivos.

Por último, debemos fijar nuestra atención en el bitcoin. ¿Y si se convirtiera en la divisa de un país? Las criptodivisas son una realidad. No son divisas, sino un tipo de activo. Actualmente, los gobiernos y las autoridades monetarias rechazan el bitcoin, que perjudica su capacidad para imponer su derecho soberano a acuñar dinero para subir tipos y asegurar su deuda. ¿Qué pasará el día de mañana? ¿Y si diéramos la vuelta a todo? ¿Y si las criptodivisas se convirtieran en divisas estatales sabiendo que se puede detectar cualquier transacción? Sería una dictadura monetaria. ¿Impensable? De ninguna manera la historia de las divisas es una historia de monopolio estatal.